abril 24, 2024

Armas heráldicas de Cataluña – pag. 56

apres la bandera de Santa Eulalia, los ganfanons de la Seu » (24)

Según el pergamino medieval, las únicas «barras» que se mostraron en la fiesta del Corpus en Barcelona y que no estaban asociadas a la Iglesia, fueron las que llevaban:

«dos homens salvages que porten una barra per retindre la gent»

Respecto al viaje a Egipto y la atribución al reino de Aragón de la bandera barrada, hecho por el barcelonés Pedro de Mijavila, no fue una excepción. La antigua heráldica de Ramón Berenguer el Grande fue cuartela con las barras de la Corona de Aragón; siendo del agrado de los monarcas, según refleja el siguiente documento.

En 1375. los judíos mallorquines Abraham y Jafuda Cresques recibieron el encargo del rey Pedro el Ceremonioso para que realizaran un mapa singular. La obra, destinada como obsequio al rey francés Carlos el Prudente, mostraba la heráldica de las posesiones de la Corona de Aragón, observándose sobre el territorio del Principado de Cataluña una gran bandera con barras y cruces cuarteladas (25). El meticuloso rey Pedro quería las obras bien hechas, y los judíos Cresques eran muy apreciados por el soberano precisamente por la fiabilidad de sus trabajos:si hicieron
ondear sobre el territorio catalán esta única bandera no fue por error, sino por voluntad real.

LA LEYENDA CASTELLANA DE LAS BARRAS DE SANGRE

Todo indica que fue el canónigo Beuter, en la primera mitad del siglo XVI. quien dio a conocer la historia del conde catalán Wifredo el Velloso y los dedos sangrientos. Pedro Antonio Beuter se caracterizaba por unir fantasía y realidad en sus escritos. El mencionado corresponde al año 1538, aunque la Crónica fue editada en 1546.

El erudito José de Pellicer, en libro publicado en Amberes el año 1642. atacaba semejante relato destacando que Beuter era el primero que lo mencionaba. Efectivamente era muy sospechosa la fuente o «autoridad» que sustentaba a Beuter; pues se limitaba a comentar que lo sabía «por unos cuadernos». No obstante, la historia tuvo éxito en Cataluña y, en 1692, el catalán Joan Gaspar y Jalpi publicaba «Epítome histórico de la Muy Ilustre Ciudad de Manresa», alegando que no era Beuter el primero en narrar la historia de Wifredo. sino que Bernat Boades en el «Libre de feyts d’Armes de Catalunya», escrito en 1420, ya citaba la anécdota en litigio.

En la actualidad se ha comprobado la falsedad del libro de Boades. Un profundo conocedor de la historia de la Corona de Aragón, Francisco Almela v Vives, lo denunciaba:

«El repetido libro de Boades. que ha pasarlo mucho tiempo como auténtico, es, como se ha de mostrado recientemente, una falsificación perpetrada entre 1673 y 1675. por el mencionado Roig y Jalpi, persona avezada a este linaje de supercherías »(26)

Incluso la Gran Enciclopedia Catalana reconoce el fraude:

«Bernat Boades. Le ha sido atribuida la paternidad del «Libro de hechos de Armas de Cataluña» supuestamente escrito en 1420, realmente compuesto por el fraile mínimo Juan Gaspar y Jalpi. hacia el 1673» (27)

Sin tener en cuenta las falsificaciones catalanas del Barroco, nos encontramos con la única narración de Beuter. en pleno siglo XVI. ¿Cuál sería la fuente de inspiración del canónigo? Tenía contactos con la nobleza valenciana, que le prestaba libros de historia, como él mismo recuerda:

«Del tems del Inclit rey en Jaume fins ais dies de hui; me aprofitat dels Ilibres de mossen Montaner senyor de Chilveila (Chirivella); y de mossen Pertusa » (28)


(24) Carreras Candi, F.: op. cit., p. 412, nota 1126.

(25) Biblioteca Nacional de París: Manuscrito «Espagnol 30».

(26) Almela y Vives. F.: El escudo de Valencia. Valencia. 1956. p. 20.

(27) Gran Enciclopedia Catalana: lomo 3. p. 640.

(28) Beuter. Pere Antoni: Primera pan de la Historia de Valencia. L.l. prólogo, fot. III; ed. facsímil Valencia, 1971.


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