mayo 26, 2024

Armas heráldicas de Cataluña – pag. 64

No dudamos que fueran «inflexibles» los «monumentos» aportados por Fr. Mariano, lo que está fuera de discusión es su total falsedad. No existen sellos con las barras del citado monasterio, ni tampoco escudos pintados o grabados con este símbolo en años anteriores a la unión del condado barcelonés con el reino de Aragón.

Hay que reconocer que, en contadas ocasiones, surgen eruditos que se ciñen a las fuentes y extraen conclusiones más imparciales: como el Doctor D. Josef Salat. Veamos cómo planteaba el dilema:

«En la moneda atribuida a D. Wifredo o Guifre, no se marcan en el anverso barras ni cruz de S. Jorge, sino una cruz grande en el reverso, y en el anverso otra encima de un pilar. ¿ Si fuesen tan antiguas las barras y la cruz de S. Jorge no se hubieran insculpido (sic) en la moneda?» (44)

El lector comprobará documentalmente cómo el pueblo catalán, y sus máximas instituciones, no consideraban propias a las barras; si bien es cierto que a partir de la segunda mitad del siglo XVI se incrementan los escritos, generalmente de religiosos catalanes, tratando de apropiarse del símbolo aragonés.

Por citar un ejemplo de cómo y cuándo se pintaron o grabaron las barras en tumbas de condes catalanes, recordaremos lo sucedido en 1838 con los restos de Ramón Berenguer III. El polvo y los huesos que habían sido recogidos en «un cajoncito de madera ordinaria», después del último saqueo e incendio «del monasterio, en la tarde del día 9 de Agosto del año 1835», permanecieron en el modesto recipiente durante tres años, hasta que Próspero Bofantll y Mascaró los trasladó a «una decente urna de nogal». Todo era correcto, hasta que D. Próspero tuvo la feliz iniciativa de «enriquecer» con las barras de Aragón la caja, como él mismo reconoce:

«que mandé construir una decente urna de nogal adornada con las armas de los condes de Barcelona y la corona de marqués con la siguiente inscripción: RAIMUNDUS BERENGARIUS. III. obiit. XIV. AUG. MCXXXI. Que en dicha urna y envueltos en una toalla (…) be depositado estos venerables huesos». (45)

Estas son las «restauraciones» que pasados cien o más años, provocan erróneas interpretaciones en los ingenuos catalanes que las observan. Nótese que Bofarull, aparte de las barras y corona que jamás utilizó Ramón Berenguer III, añadió una inscripción en latín con el nombre del personaje y la fecha que se supone que falleció, esto es. en 1131. Sin embargo, no debe olvidar el visitante que la antigüedad de esas barras se remonta sólo al 15 de diciembre de 1838.

A Ramón Berenguer III el Grande, a quien D. Próspero había habilitado «una decente urna de nogal», le esperaban otras aventuras que turbarían su eterno descanso. Apenas había transcurrido medio siglo cuando lo encontramos por las Ramblas de Barcelona y, posteriormente, viajando en tren. El escudo y bandera de barras rojas y amarillas, nunca usadas por el conde, fueron componente fundamental de este emotivo traslado; pues hasta la máquina del tren fue «engalanada ab banderes y draps vermells y grochs».

Todos los detalles del traslado del cadáver lo cuenta su motivador,  Franccsch Carreras y Candi, en un documentado opúsculo (46). El momento más solemne ocurrió en el Monasterio de Ripoll, cuando el Decano de Notarios «teniendo delante suya las urnas mortuorias se dirigió al Obispo de Vich y le dijo»:

—¿ Declara que lo contenido en estas siete urnas son los mortales despojos de Ramón Berenguer III lo Gran, Jofre el Pilós, su hijo Rodolfo, BernaI Tallaferro, Guillem lo Gras (sic) y su hijo Bernat, Bertrán dez Bach y Ramón dez Bach ?

— Si, lo declaro, respondió el Dr. Norgades, fundándolo en los documentos y constante tradición del pueblo»

 


(43) id., p. 22.

(44) Salaf, D. Josef: Tratado de las monedas labradas en el Principado de Cataluña. Barcelona. 1818. p.56.

(45) Balaguer, Víctor: Historia de Cataluña. Madrid. 1885. p. 394.

(46) Carreras y Candi, Francesch: Crónica de la traslació de les despulles de Ramón Berenguer. Barcelona. 1893.


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