junio 21, 2024

Armas heráldicas de Cataluña – pag. 74

Hay que reconocer, no obstante, la amenidad de algunos párrafos escritos por Jalpi, especialmente los dedicados a su héroe favorito:

«Wifredo el Segundo del nombre Cognominado el Velloso, porque le habían nacido cabellos baxo la planta del pie donde no suelen los hombres, y creo que ni las mujeres, tenerlos» (62)

El casto Jalpi, que entrecomillaba su desconocimiento del otro sexo, ejerció una influencia decisiva en cuestiones heráldicas. Cuando en 1870, la Real Academia de Historia redacta un informe para modificar el escudo de la Diputación de Barcelona, se esgrime como fuente o autoridad la falsa crónica «concluida en 1420», según el citado estudio (63). No obstante, lo que inquieta del activo fraile es cómo ejercería el cargo de «Chronista de su Magestad en todos los Reynos de la Corona de Aragón» a partir de 1671, es decir, cuando le afectó la fiebre falsificadora. Nunca sabremos las manipulaciones que realizaría, y cuántos documentos que ahora son considerados auténticos serán creaciones suyas. No podemos olvidar que su cargo, en el reinado de Carlos II, le permitiría el acceso y control de los archivos de la Corona de Aragón, y que Jalpi tenía obsesión por atribuir origen catalán a las barras.

La bandera catalana en el siglo XV

A lo largo del siglo XV, en los portulanos o cartas náuticas, se insiste en representar sobre el territorio catalán la bandera cuartelada de cruces y barras; es decir, igual que antes de la supuesta orden de la reina María en 1396; se trata de la misma enseña que preside a las fuerzas catalanas en las batallas. En los enfrentamientos habidos contra las tropas del rey de Aragón, hacia 1462, fue llevada junto al Jefe Supremo o Capitán General del Principado; según cuenta un contemporáneo de los hechos:

«Digous, a XXVII de maig, día de l’Acencio, lo compte de Patas, capitá general del principal, hixque de Barcelona ab la bandera de Barcelona, ab M homens d’armes e quatre milia de peu» (64)

La cuestión es más meridiana cuando sucede la proclamación del rey castellano, en 1462, como «conde de Cataluña». Las banderas de Castilla se alzaron en el Principado, siendo rechazadas las barradas del odiado rey de Aragón:

«…se volien donar a la sua real ma gestad, que fos compte de Catalunya; e lo rey acceptá, e fa cridar per Castela: Compte de Barcelona, e en Barcelona foren alçades banderes del rey de Castela» (65)

Acción que se repitió al anochecer:

«en aquella nit, en la ciutat (de Barcelona) fan grans alimares, e per el matí alçen banderes del rey de Castell ab gran cerimonia, cridant: «Viva (sic) lo senyor don Anrich, rey de Castella, compte de Catalunya» (66)

Aparte de constatarse en estas anotaciones la equivalencia del Condado de Barcelona y Cataluña; es también presumible que de haber prosperado el reinado de Enrique IV de Castilla en Barcelona, ahora, los catalanes, tendrían como Señera la bandera castellana. En 1463, sin que ningún ejército represor les coaccionara, en la procesión del Corpus fue «la bandera muy rica del rey de Castilla» la que presidió el acontecimiento:

«Digous, a XVIII de juny, los de Barcelona prorogaren la festa del Corpus Cristi… e fonch feta solempna profeso ab la bandera molt rica del rey de Castella» (67)

Sin embargo, el rey de Castilla no tuvo interés en ser soberano de Cataluña; así lo comunicaron los mensajeros, quedando truncada una situación que nos hubiera ahorrado todo el montaje cuairibarrado del Barroco. Con laconismo, no exento de carga irónica, lo cuenta el «Capellá del Magnánimo»:


(62) Roig y Jalpi, Fr. Juan Gaspar: Varias noticias de Cataluña. Bib. Nac. de Madrid. Ms. G. 110. fol. 152 r.

(63) Boletín de la Real Academia de la Historia. Madrid. 1921, p. 304.

(64) Dietari del Capellá: p. 307.

(65) Ibídcm, p. 313.

(66) Ibídcm..

(67) Ibídcm, p. 323.


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