abril 24, 2024

Armas heráldicas de Cataluña – pag. 93

«… partim de la Casa del General de la Diputació junt lo portal de sant Antoni, en la finestra de la qual estigué alguns dies posada y arbolada la Bandera de santa Eulalia, que es la que va en les professons de la Seu»(118)

También describe minuciosamente la señera catalana:

«de domás carmesí, ab la figura de santa Eulalia en lo mitx, y lo Santissim Sagrament a la ma dreta, y les armes de la Ciutat tot daurat a la ma esquerra (119)

Esta fue la bandera que simbolizó la lucha contra Felipe IV, igual que sucedería en el siglo siguiente durante la guerra de Sucesión. Otro poema compuesto en plena guerra «dels Segador», con el estrafalario título «Clarí de veritats, valentía catalana, derrota de castellans alumbrats, retiro y galliner de Madrit, y flor de lliri de Franca», destacaba el guión o bandera Cathalana:

« No mareix (sic) la maldicio

de la esquerra Cathalana?

y ques desterra del tot

del carrechs, honors, y plaças?

Qui vol que nostre guió,

bandera de Sama Eulalia,

Servesca per lo enemich,

en la taula de tovalla» (120)

Las banderas de menor categoría, desplegadas por fracciones del ejército catalán, tampoco responden a esquemas vexilológicos actuales. Veamos, por ejemplo, que estandarte llevaban las compañías de Ripoll en la guerra «dels Segadors». La ciudad, considerada cuna del nacionalismo catalán, tuvo el honor de ser protegida por Wifredo el Velloso, quien restauró su monasterio en el 888; posteriormente, fue gobernada por el abad Oliva (1002-1048), hijo de Oliva Cabreta, conde de Cerdada y Besalú. Los escritores se deshacen en elogios hacia el personaje: «una de las más
legítimas glorias de la Cataluña medieval (…) notable poeta y escritor en prosa dotado de diligencia y espíritu organizador extraordinarios» (121). No obstante, a pesar de sustentarse en el Velloso y el Oliva la historia de Ripoll, no llevaban las cuatro barras como distintivo en sus banderas, sino la imagen de un oscuro santo:

«Ripoll enarbolaba cuydadosa una, y otra vez, el pendón de su adorado Mártir, y patrón san Eudaldo, para hacer levas. Ya para socorrer a Rossellón, ya para ir a Martorell, ya para llegar al socorro de Barcelona con una compañía de caballos» (122)

No puede existir más incoherencia entre la vexilología actual de la región catalana y la que usaron sus antepasados. En «Catalana justicia contra las castellanas armas», el doctor Iusepe Font, esperanzado por haberse «concitado los Reynos de Aragón y Valencia, escrito, según se dize, al Papa, y quizá a otros, abierta la puerta a Francia», lanzaba alegatos bélicos que incluían a San Jorge y Santa Eulalia; cuyas imágenes figuraban en sus señeras:

«Guerra y más guerra. Pues toque el arma Cataluña ¡San Jorge, Santa Eulalia, y viva Cataluña, viva!» (123)

Finalizada la «guerra dels Segadors», reincorporada Cataluña a la corona de Aragón, continuó la lucha por apoderarse de la heráldica barrada. En 1673, el fraile Gaspar y Jalpi realizaba la falsificación del «Libre dels feyts d’armes de Catalunya», que incluía la leyenda de las barras sangrientas con protagonistas catalanes; en realidad, simple copia de otra castellana. Evidentemente, Cataluña intentaba adquirir un protagonismo heráldico en detrimento del reino cabeza Aragón. Por otro lado, la Generalidad catalana siguió usando la antigua cruz de Ramón Berenguer, derivada del Imperio carolingio; por ejemplo, en la portada de Capítulos de Corte de 1683:


(118) Ibídem.

(119) ld,. p. 137.

(120) Nogués, Gabriel: Clarí de veritats, valentía catalana, derrota de castellans alumbrats, retiro y galliner de Madrit, y flor de lliri de Franca. Barcelona 1641, fol. 2 v.

(121) Domínguez Bordona, Jesús: La miniatura. Barcelona, 1950, p. 26.

(122) Font, Iusepe. Catalana justicia contra las castellanas armas. Barcelona, 1641, fol. 1 r. Incluido en Sucesos del año 1641 Bib. Nac. de Madrid, Ms. 7447.

(123) Ibídem, fol. 608, v.


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