diciembre 4, 2021

El pendon de la conquista – pag. 110

«Una carta (portulano) d’Italia era in posesio di Alessandra Strozzi. che nel 1438 la prestava a Niccolo di Atrozzi; questi a sua volta, durante un soggiorno a Napoli, la donó al re Alfonso I d’Arogona» (11)

Las cartas marinas no sólo eran apreciadas por reyes cristianos; en el otro extremo mediterráneo, los poderosos sultanes turcos también las aceptaban con agrado:

«Una carta (portulano) d’Italia, delineato nel 1461, Mateo di Parti pittore; Sigismondo Malatesta, dono al sultana Maometo» (l2)

La información vexilológica (referente a banderas) ofrecida por Cresques sorprende por su riqueza y exactitud; allí están, sin errores, las banderas de Castilla y León, Portugal, Granada (todavía musulmana) y, sobre el territorio valenciano, una clarísima bandera real en la que se puede apreciar sin ninguna duda la simbología: dos barras rojas, no cuatro (sin corona, ya que este mapa es de 1375, y la incorporación de esta fue en 1377). A pesar de ello, Pere Mª Orts, en «Historia de la Señera», reproduce el mapa que estamos comentando y, erróneamente, puntualiza que:

«…sobre Valencia, una bandera con los cuatro palos rojos en campo de oro, sin ningún aumento ni añadido»( 13)

Es decir, «sin ningún aumento ni añadido», salvo las dos barras que Orts incorpora. Pero, si los valencianos hubiéramos tenido desde Jaime I el llamado pendón de la Conquista, de cuatro barras, como bandera del rey y reino. ¿Cómo iba a consentir el Ceremonioso, sucesor del Conquistador, que alteraran su señera en un regalo destinado al rey de Francia?. Cresques era muy riguroso en los detalles y conocía perfectamente la heráldica de su señor Pedro IV; por algo la familia del cartógrafo trabajaba habitualmente para la Casa de Aragón; el judío sólo se permite alguna fantasía en el espacio del pergamino destinado a países orientales, y ello debido al seguimiento de relatos de viajeros y navegantes, como Marco Polo.

Si el rey de Valencia usaba la señera de dos barras sería por no tener cuatro como heráldica. ¿No parece una contradicción que esto ocurriera, si el fundador del reino cristiano de Valencia les hubiera dejado el pendón de cuatro barras como señera? Ciertamente, hubo historiadores que se percataron de la dualidad de las barras, aunque no profundizaron en ello; quizá por no alterar conceptos arraigados en su época. Así parece confirmarlo un comentario del historiador catalán Carreras Candi, a principios de nuestro siglo:

«Las barras rojas del escudo barcelonés se regularizaron en tiempos modernos, en número de cuatro. Este era indiferente antes del siglo XVII. Son muchos los escudos en que solo habían dos (…) Actualmente se vuelve a la costumbre antigua de prescindir del número de cuatro y esculpir en los lugares públicos escudos de Barcelona con dos barras» (14)

Aunque el escritor catalán comete una equivocación al afirmar que el escudo de Barcelona era barrado – esto se rebatió en otro capítulo – no le pasó por alto el uso de dos barras en los primeros siglos de la Corona de Aragón. Este hecho era ya conocido por Muratori, erudito italiano que vivió en el siglo XVII, y así lo expone al referirse a la corte de Barcelona:

«…Insigniis, Baculis nempe, sive Palis dúo bus sanguineis (…) ut scilicet Sancti Georgii Signis quae Barcinonensis Comitatus erant (…) baculos illos rubros duos in aureo scuto» (15)


(11) Alsagia, Roberto: Nota sulla cartografia dell Italia nei secoli XV e XVI. Roma, 1951, p. 4.

(12) Ibídem, p.4.

(13) Orts, Pere Mª: Historia de la Señera, p. 35.

(14) Carreras Candi, F.: Geografía General de Catalunya, t. de Barcelona, p. 558

(15) Muratorius, Ludovico: Rerum Italicarum Scriptores. Milán, 1726, p. 401.


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