mayo 29, 2024

El pendón de la conquista – pag. 113

Vexilológicamcnte son interesantes cuatro banderas que representan a las fuerzas cristianas. Una de ellas no ofrece dudas, pues corresponde al Santo Patrón de la Caballería y de toda la Corona de Aragón, San Jorge; otra, situada a la izquierda, contiene un águila o murciélago (emblema de las milicias del gremio de armeros en el siglo XIII) y pudiera pertenecer al valeroso Guillen de Aguiló, que estuvo en la batalla del Puig y fue uno de los más fieles e inmediatos acompañantes del Conquistador.

El problema surge con las dos banderas restantes, pues, aunque algún investigador actual se refiera a esta pintura considerándola como «el triunfo de la Señera de las cuatro barras» (19); a poco que so observe la tabla, veremos que no es así. La Señera en este retablo sería – según Pere Mª Orts – la enseña de dos barras rojas sobre fondo amarillo. Las motivaciones para que Marzal de Sax quitara las dos barras restantes, según el citado escritor, serían las siguientes:

a) «por las necesidades de la guerra»

b) «no cabía una señera con los cuatro palos rojos si se quería mantener el equilibrio de las telas al vuelo»

c) «por exigencias de la composición»

Los argumentos no son convincentes, pues disponía de espacio para representar las cuatro barras y hubiera quedado más resuelta la composición, ya que las dos barras son excesivamente grandes y alteran el ritmo proporcionado por las otras enseñas. No está nada claro el asunto ¿Por qué un pintor que realizaba el encargo, justamente de la Compañía que custodiaba la Señera, iba a modificar su simbología? Quizá no la modificó.

Marzal de Sax conocía perfectamente las banderas que utilizaban los reyes de Aragón y Valencia; está documentado que en el año 1401 participó en los preparativos de la llegada de Martín el Humano. Incluso admitiendo la posibilidad de que el pintor desconociera la heráldica real, algo muy dudoso, no importaba; los contratos que se conservan del siglo XV son muy meticulosos con lo que se pretende que pinte el retablista. Si la tabla del «Centenar de la Ploma» contiene cuatro banderas sería por exigencias y razones de los que costeaban el retablo, no por capricho estético de Marzal de Sax. El Renacimiento aún no había llegado al Reino de Valencia y los pintores elaboraban su trabajo como los demás artesanos, e incluso se integraban en sus gremios —se sabe que algunos pintores, debido a su pequeño número, no podían formar gremio propio y se acogían al de carpinteros—. No existía el artista creativo y rebelde que alteraba a voluntad los encargos del cliente. Por cierto, Marzal de Sax representó en una tabla a San Vicente Mártir (año 1410, 80 x 76 cm. M. de Arte de Cataluña, Barcelona), el titular de la iglesia donde se encontraba (?) el pendón.

Ahora es necesario planteamos una duda que enlaza con la cuestión primordial; si realmente hubiera estado la bandera real de Jaime I (es decir, el llamado pendón de la Conquista) en la iglesia de San Vicente Mártir, situada a unos mil o mil quinientos metros del lugar donde Marzal de Sax pintaba su obra ¿cómo explicar su ausencia en la primera pintura valenciana de historia? Porque no estaba, hubiera sido demasiado irreverente representar a Jaime I sin la señera que utilizó en la conquista del Reino.

Quizá sí había en los muros de San Vicente un estandarte de cuatro barras pertenecientes a alguna sección del ejército real (estos grupos de soldados, como ya se advirtió, usaban enseñas de tres a nueve barras) que combatió contra los valencianos durante el conflicto de la Unión, a mediados del siglo XIV. Por sorprendente que ahora nos parezca, los objetos depositados en las iglesias, en menos de cien años el populacho los barroquizaba históricamente con leyendas y fantasías. A los propietarios del recinto no les perjudicaba, sino todo lo contrario, y lo que quizá era una bandera vulgar y corriente se transformó en el pendón de la Conquista.

Es obvio que si, en el año 1407, los que encargaron el retablo en que se glorificaba indirectamente a Jaime I hubieran conocido el presunto pendón del más admirado rey de Valencia, sin ninguna duda hubieran obligado a Marzal de Sax a no modificar la «senyal reyal» de su señera; y mucho menos por la simpleza de «mantener el equilibrio de las telas en vuelo». Una señera era algo muy serio como para alterarla por motivaciones estéticas en 1407. Si la Compañía del Centenar le indicó a Marzal de Sax que pintara la


(19) Orts; Pere Mª: op. cit. p. 101.


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