abril 24, 2024

El pendón de la conquista – pag. 134

Almela y Vives, después de enumerar lo que destacaba en la catedral a juicio de persona cultivada e historiador, se ocupa también del llamado trofeo de la Conquista; aunque de manera harto significativa:

«…un escudo, probablemente no auténtico, con la cadena y el freno del caballo de Jaime el Conquistador; las espuelas desaparecieron en 1892»(81)

En vista de lo cual, debieran ser más prudentes los que reproducen el casco, espada, escudo y demás baratijas, afirmando su pertenencia a Jaime I el Conquistador. Parece, si de algo valen los análisis y juicios de Teixidor, Almela y Vives, Roque Chabás, etc., que lo único auténtico del trofeo sería lo metalizado: cadena, freno y bocado. En estas piezas sí están grabadas las cuatro barras… pero coronadas; como la Señera Real.

Tampoco hay que olvidar que los escudos fueron troceados a la muerte y enterramiento del Conquistador, pues consta que se celebraba una:

«solemnitat de descoament de cavaylls o de trencare rocegar escuts» (Carreres Zacares, Salvador. Exequias regias en Valencia. Valencia. 1923, p. 236)

Es decir, siguiendo una tradición quizá oriental, se seccionaba la cola a los caballos y se destrozaban los escudos. Resumiendo: el escudo es una falsa reliquia sin ningún valor, como se aprecia a simple vista y confirman los argumentos anteriores. A pesar de ello, los partidarios de las cuatro barras seguirán venerando estas maderas pigmentadas, aunque interiormente reconozcan el triste fraude. Estarán reproduciendo la actitud de aquellos avispados defensores de cómicas reliquias que llegaron a exhibir una«pluma del Espíritu Santo», ante el ingenuo pueblo en la Edad Media. En
un estudio publicado en «El Fénix», y tenido en cuenta por el Marqués de Cruilles, ya se denunciaba este fraude en el último tercio del siglo XIX:

«…la inspección material del escudo(…)de madera no muy fuerte, pero sí pesado, y no se ven en él mella o señal de bote de lanza, dardo o cuchillada, y que a ser el mismo estaría cubierto de metal o piel conforme a la manera de la época(…)algunas particularidades que detalla en el dorado y colorido de la empresa del escudo (…)y que manifestaban a las claras no corresponder a la época del rey Conquistador»(82)

Por tanto, hace más de un siglo que se conoce el engaño, pero en la actualidad ocurre exactamente igual que en el pasado: nadie quiere desprenderse de una falsa joya, mientras existan incautos e interesados que sigan el juego. Hay que resignarse a considerar esta reliquia como un producto del desmedido afán por sumar hechos gloriosos a un linaje; actitud que deslizó a más de un valenciano hacia comportamientos censurables, como prueba el fraude cometido hacia 1697 por Onofre Esquerdo al falsificar «trobas» heráldicas y atribuir a su «décimo quinto abuelo» cargos militares al servicio de Jaime I (83). Esta obsesión por asociarse a la figura del Conquistador fue constante en la nobleza del reino hasta fechas cercanas. Cuando esta clase social sintió amenazadas
sus rentas por las reformas derivadas del Decreto del 6 de agosto de 1811, se elevaron recursos (p.e., el Marqués de Astorga y el Duque de Hijar sobre el canal de Antella) alegando los tradicionales (es decir, no documentados) derechos adquiridos en el reinado de Jaime I (84).

Otra cuestión a tener en cuenta es la peculiar trayectoria de los Pertusa, siempre incrementando poder ciudadano hasta alcanzar cotas de nobleza; ciertamente, no parece probable que nadie se atreviera a discutir la legalidad del escudo y, en consecuencia, enfrentarse a la influyente familia. Ya vimos cómo en el medievo eran capaces de superar la desgraciada ejecución de uno de sus miembros, rehabilitación que fructificó en 1522. cuando «Mossen Jaume Pertusa» es nombrado junto a otros nobles y ciudadanos «per la total pacificado de la Ciutat y Regne» (85); pero fue


(81) Almela y Vives. F.: La Catedral de Valencia. Barcelona, año 1927, p.58
(82) Cruilles, Marqués de: Guía Urbana de Valencia. Valencia 1876, p.425
(83) Ribelles, Fr. Bartolomé: Observaciones histórico-críticas a las trobas intituladas de Mosén Jayme Febrer. Valencia 1804, p.16
(84) Representaciones de diferentes grandes de España a las Cortes para que se declare debérselas amparar en la posesión de sus rentas, especialmente en el Reyno de Valencia. Madrid 1820., pp. 88, 89, 137 y 149.
(85) «Breu relació de la Germanía»; Bib. Nac. de Madrid, Ms. 7447, f. 11 r.


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