abril 24, 2024

El pendón de la conquista – pag. 145

«…añadido por Timbre un Murciélago, llamado en Valenciano idioma Rat Penat; y haviendo el mismo Rey edificado el Monasterio de San Vicente Manir, lo mandó colgar en la bóbeda del Templo»(123)

En la obra es constante la relación entre el Rat Penat y el Centenario, como muestra una curiosa composición en idioma valenciano:

«Encara que de la llum
dihuen fuig el Rat Penat
a este excesiu resplandor
renaixch de cent a cent anys»( 124)

El texto de 1740 refleja cuál era el símbolo más arraigado en los valencianos: el Rat Penat. Aunque éste y la corona sobre las barras fueron incorporaciones posteriores al Conquistador, hay un manifiesto interés en los cronistas por atribuirlos a Jaime I; igual sucedía con la compañía encargada de custodiar la Señera:

«…formar de nuevo para estas fiestas (V Centenario) la Compañía del Centenar de la Pluma (…) instituida por el Señor Rey Don Jayme»(125)

En el mismo libro se pone en boca de Jaime I una referencia a la donación de la corona (126) que, sin embargo, fue otorgada por Pedro el Ceremonioso en el siglo XIV. Es evidente que todo lo que se relacionara con Jaime I tenía asegurado el prestigio; de ahí la frecuente atribución al Conquistador de símbolos, objetos e instituciones. Pero, ni la corona de la Señera fue anterior a 1377, ni el Rat Penat al s. XIV, ni Jaime I instituyó el Centenar de la Ploma. Y el pendón, entonces ¿de dónde vino?

UNA BANDERA REAL EN VALENCIA: LA DEL REY DE MALLORCA

¿De dónde salió la enseña que colgaba de la bóveda de San Vicente Mártir? No lo sabemos, de igual modo que desconocemos el auténtico origen del «pedazo de la Bandera de San Jorge Mártir» que, todavía en el año 1828, se custodiaba en la catedral de Valencia. Los cronistas no se preocuparon lo más mínimo del llamado pendón de la Conquista durante los primeros trescientos años en que, teóricamente, permaneció en el templo. Tuvo que ser Beuter, uniendo realidad y fantasía, quien diera nacimiento a la leyenda en 1538; Escolano y Ortí, posteriormente, acabaron por hacerla creíble.

Existen otras descripciones de banderas de Jaime I, pero también contradicen al pendón en contenido. Analicemos alguna de ellas:

«Cuenta el Obispo D. Gonzalo de la Finojosa (…) se apareció Dios a un carpintero del Puig dejándole una cédula en que estaba escrita la imagen de Nuestra Señora, sentada en su trono y teniendo en los brazos la inscripción Agnus Dei qui tollis peccata mundi, dona nobis pacem (…) y que desde entonces puso el Rey en las banderas una imagen igual a la de la cédula (…) Fr. Antonio de Santa María dice también que Don Jaime llevaba en las banderas la imagen de la Virgen»( 127)

Posiblemente, esta descripción vexilológica no tenga más consistencia documental que la del pendón; pero tampoco sería anormal que el monarca hubiera incluido alguna imagen religiosa en sus banderas. Respecto a las enseñas depositadas en los templos, sin duda responderían a una variedad amplia; podían ser de heráldica feudal o noble, con simbología de ordenes militares, gremios, cofradías e, incluso, reales. Valga de ejemplo las recogidas en el inventario (año 1463) del castillo de Onda y su iglesia:

«quatorze pavesos (estandartes), los onze ab creus del orde de Sanct Jordi e los tres ab creus negres (…) dos pavesos ab senyal reyal (…) e quatre pavesos vermells ab leons e creu de Montesa. Sis pavesos blanchs ab creus de Montesa»(128)


(123) Ortí Mayor, J. Vicente: Siglo V de la Conquista. Valencia, 1740, p.8
(124) Ibídem. p.95
(125) Ibídem. p.44
(126) Ibídem, p.442
(127) Fernández Duro, C.: op. cit. p.238
(128) Archivo de Arte Valenciano; Valencia, 1918. p.78


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