mayo 29, 2024

El pendón de la conquista – pag. 151

Cabe la posibilidad, ya apuntada, que fuera una antigua bandera del siglo XV, de las usadas para simbolizar la monarquía en los actos fúnebres -como la confeccionada en Valencia para las honras del rey de Mallorca-, y al transcurrir cierto tiempo se le atribuyera, de manera consciente o no, categoría de enseña del Conquistador.

De la segunda mitad del siglo XV tenemos documentación gráfica de una enseña similar al pendón de la Conquista; pero en Cataluña. Fue un martes, el 27 de junio del año 1458, cuando se supo en Barcelona que Alfonso el Magnánimo había fallecido en Nápoles; suceso anotado en el Dietario de la Casa de la Ciudad con estas palabras:

«mori lo Rey Alfonso darago en lo Castell Nou de Napols»

El funcionario catalán que redactó el lacónico texto fue respetuoso con la titulación del «Rey D’Aragó», no de Cataluña, como plomizamente pregonan en la actualidad. Lo interesante es el dibujo adjunto que muestra la heráldica del monarca aragonés y la pervivencia, en 1458, de la primitiva señera de dos barras, cuando ya se había impuesto el modelo de cuatro. El arcaísmo no suponía una anormalidad notable si tenemos en cuenta que estos símbolos eran destinados a los actos solemnes de unas exequias reales, donde la tradición ejercía poderosa traba a cualquier innovación, aunque fuera heráldica. Estas banderas fúnebres exclusivas del rey y de su «reino cabeza, Aragón», constituían, por tanto, un arcaísmo similar al mostrado en las monedas valencianas y en las mencionadas cintas de seda, que se usaron ininterrumpidamente desde los siglos XIII y XIV.

La falsa reliquia llamada pendón de la Conquista habría tenido su origen en una bandera ceremonial del siglo XV, representativa del «rey darago». Después de permanecer más de medio siglo olvidada en la bóveda de San Vicent Mártir -donde se celebraban también exequias por los reyes-, fue transformada mediante la fantasía y oratoria de Beuter en enseña jaimina. Esta bandera de dos barras habría desaparecido al retirarse de la bóveda a fines del siglo XVI, con motivo de la prohibición de figurar enseñas en recintos religiosos. Posteriormente se confeccionaría otra -esta vez de cuatro barras-, y se rotuló la fecha «AÑO 1238» en castellano. Esta sería una de las hipótesis que explicaría la presencia de la reliquia en el templo; lo que no es hipotético es su falsedad; pues tejido, pintura y grafía lo denuncian. Sólo observando las banderas y escudos reales de dos barras, usuales en los años del Conquistador, se comprende la incoherencia del texto de fray Juan de Monzón en el prólogo a los sermones de San Bernardo, dedicados al futuro rey Martín el Humano. El religioso afirma que las cuatro barras son la heráldica del Rey de Aragón; efectivamente ya lo eran en los años del escrito (fines del XIV); pero, en el mismo párrafo, recuerda que en un principio «los Reyes de la Casa de Aragón las tomaron como divisa para poder decir que llevaban la señal de los maderos de aquella Cruz». Es decir, dos barras equivalentes a las dos maderas de la cruz: esa era la señera de Jaime I, y no la «chafarrinada» (en calificación de Fernández Duro, el vexilólogo admirado por Pere M“. Orts) enseña conservada en el Ayuntamiento de Valencia.

Asociar las cuatro barras con las maderas de la cruz de Cristo, como hizo Fray Juan de Monzón a finales del siglo XIV (entre 1393 y 1397), sólo era coherente con el modelo antiguo de dos barras. La alegoría, sin duda nacida en los años en que coincidía el número barras y maderas, fue transmitida hasta la época en que se generalizó el modelo de cuatro en la bandera personal del rey; perdiendo, por tanto, su lógica. (Goropi, Ioannis: HIEROGLYPHICA. Antuerpiae, 1580, p. 250)

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