mayo 26, 2024

TRATADO DE LA REAL SEÑERA – pag 21

Los estados del sur de Italia, en poder de los normandos, también ostentaron los colores rojo y amarillo antes que la heráldica del águila (que les vino por influencia imperial y no papal) se incluyera como propia. Casualmente, sus parientes del norte, en la conquista de Inglaterra (septiembre de 1066) llevaban franjas rojas y amarillas en alguna de sus velas, y en lo alto del mástil una cruz. El conocido tapiz de la reina Matilde, encargado por el arzobispo de Bayeux, nos ha perpetuado las imágenes del desembarco en Pevensey y posterior batalla de Hastings.

  Quizá no fue casualidad el uso de los colores rojo y amarillo, con la cruz sobre ellos, en un navío de Guillermo el Conquistador. Los artesanos que confeccionaron el tapiz de Bayeux estuvieron reflejando un programa iconológico coherente, basado en hechos reales; hasta el cometa de la parte superiores una reproducciòn del Halley. El astro tuvo su máxima visibilidad en Bretaña y Normandía el 20 de marzo de 1066; la batalla fue en otoño, cuando ya no era perceptible, pero los normandos lo consideraron buen augurio y en el tapiz aparecen observándolo junto a la leyenda «Isti mirat»; el rey Haroldo adivina su derrota. Teniendo en cuenta el verismo de las imágenes, los colores citados y la cruz pudieron ser exponente de la relación con la Iglesia. El pasaje es oscuro, pero Guillermo el Conquistador convertido en rey de Inglaterra:

  «enviaba el dinero de San Pedro, o sea aquel denarius sancti Petri que cada familia desde la conversión de los sajones se comprometió a pagar anualmente por devoción a San Pedro y a la Iglesia» (13)

  Parece que la Iglesia sí otorgó armas heráldicas en el último tercio del siglo XI, aunque no sería muy usual. En una crónica de Nantes, del citado siglo, se menciona la concesión por el papa León IV del título e insignias (heráldicas) de duque a un tal Nominoé, señor de Bretaña. Esta dudosa donación fue tenida por auténtica dos siglos después «según demuestra un documento de Gregorio VII» (l4). El entrecomillado pertenece a una Historia de la Iglesia que no consideraba anacrónica la fuente.

  La bandera o «vexillum» de San Pedro fue una de las utilizadas por Guillermo el Conquistador en 1066:

  «desembarcó con sus hombres en las costas inglesas, y, vencedor en la batalla de Hastings (1066) se apoderó del reino. El papa Alejandro II favoreció su empresa, dándole para ella el vexillum S. Petri y Gregorio VII le escribió siempre en términos de buena amistad» (l5)

  Asimismo, la rama normanda que se iba afianzando en el sur de Italia recibió el vexillum o estandarte de la Iglesia por parte de Alejandro II:

  «Roberto Guiscardo alcanzó de los sarracenos en 1063 una gran victoria en el sur de Italia, de cuyo botín ofreció una buena parte al papa Alejandro II. Este le mandó el estandarte pontificio y concedió indulgencia plenaria a los soldados» (16)

  Dejaremos de momento los matices entre la bandera de San Pedro (que, posiblemente, en el siglo XI ya incorporaría las llaves) y el estandarte de la Iglesia. En la Biblioteca Palatina de Parma se conserva un pergamino con el árbol genealógico de los primeros señores normandos de Sicilia, el linaje de los Altavilla; al pie de la pintura se aprecia, junto a la base del árbol, una bandera con rectángulos rojos y amarillos y la cruz coronando el asta. Para que no exista duda de la relación lglesia-Altavilla, un ángel sostiene la enseña con las dos manos. La fecha, cercana a las raíces del árbol genealógico, nos sitúa en el «ANNO DOMINI MLXIIII», es decir, en el año 1064, meses después de la concesi6n del vexillum.

CORONACION DE PEDRO II EN ROMA

  E] origen de las barras, por tanto, pudiera deberse a:

  «la renovada infeudación del reino de Aragón al Papado(…) cuyos son los colores (amarillo y rojo) desde el siglo XI, y con testimonios pictóricos» (17)

 


(13) Llorca-Villoslada: Historia de la Iglesia. Madrid, l976, tomo 2, pág.32

(14) lbídem., p.322.

(15) Id., p,326

(16) Id., p.149

(17) Fatas, Guillermo: La Bandera de Aragón. Zaragoza, 1978, p. 59.


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