junio 21, 2024

TRATADO DE LA REAL SEÑERA – pag 42

En el mismo folio ofrece una versión, muy personal, de la actuación de rey aragonés:

«… a este rnismo tiempo(…) el rey don Pedro salió de Roma con su exército puesto en orden y vino contra don Simón: al qual venció»

Esto no es más que un cúmulo de despropósitos. Simón de Monfort fue el que defendió la ortodoxia de Inocencio III, y enfrente tuvo como enemigos al conde de Tolosa y al rey de Aragón Pedro II, que se alinearon junto a los herejes albigenses; y no venció, sino que fue derrotado y muerto el rey Pedro.

Respecto a la heráldica, Lucio Marineo recoge y recompone la leyenda (que él ofrece como cierta) del personaje que haría vibrar a los románticos, siglos después: se trataba de «Ottogerio Golante, también llamado Otgero Catalón». Es sospechoso cómo se incrementó la popularidad de este guerrero nórdico, casualmente con el advenimiento de la dinastía germánica en los reinos peninsulares, después de reprimidas las germanías de Castilla y Valencia. En la siguiente aseveración se puede comprobar la ligereza con que abordaba en la señoría deste condado (de Barcelona) ussasen de las mismas insignias que Oteger Golante: cuatro bastones colorados en campo dorado» (83) Marineo los asuntos heráldicos:

«…el rey Luis ordeno(…)que los que se sucediessen

Este fue el fundamento que tuvo Marineo Sículo para afirmar que Barcelona poseía las barras en la fecha del casamiento de Petronila y Ramón Berenguer; es decir, ninguno. Sobre los fantasmagóricos acuerdos matrimoniales-heráldicos, veamos cómo no existieron mas que en la mente de algún historiador:

«…los que más hacen (escritores catalanes), cuentan que con motivo del matrimonio de Doña Petronila, .se acordó entre Don Ramiro de Aragón su padre y Don Ramón. Berenguer IV de Barcelona su esposo, que éste y los descendientes de aquel vínculo, usarían los cuatro palos o Barras de aquel Principado: pero esto es una hablilla destituida de todo fundamento» (84)

La denuncia de Barutell estaba sustentada en investigaciones del que fue regente, en el siglo XVIII, del Archivo de la Corona de Aragón; lugar en el que estaba depositado el documento original del citado enlace:

«El laboriosísimo Don Francisco Javier de Garma que vió el original de los conciertos matrimoniales en el Archivo de la Corona de Aragón, que estuvo a su cargo durante años, asegura que no hay capítulo en todos ellos que exprese tal cosa» (85)

El mencionado Javier de Garma sería «laboriosísimo» en su función de archivero, pero no riguroso en las conclusiones a que llegaba. En su obra Adarga Catalana, re1ata como auténtica la leyenda de Wifredo el Velloso: aunque, como es obvio, sin poder exhibir ninguna fuente documental:

«el uso de Armerías(…)tuvo principio en el Primer Conde Soberano de Barcelona Wifredo el Belloso, quando auxiliar del Emperador Carlos Calvo(…)fue mal herido en una función(…)sus cuatro dedos, los passó (…) diciendole: estas, Conde, serán vuestras armas» (80)

Respecto al intercambio en la boda de Petronila y Berenguer, Xavier de Garma niega la donación: «como muchos aseguran voluntariamente, capítulo que tal diga en los originales que existen de dicha unión en el Real archivo de mi cargo»: pero esta aclaración del heraldista no era desinteresada. La hipótesis de Garma es que Cataluña no dio el blasón de las barras al reino de Aragón, sino que «lo continuó usando hasta el presente» (el suyo era el año 1753, en que editó la obra). Se basaba en una muy limitada serie de documentos tardíos -fines del XIV-, sumamente dudosos, pues encontramos otros de iguales fechas que contradicen la atribución catalana. Por ejemplo, el citado prólogo dedicado al futuro Martín el Humano, redactado por «el frare Johan Montso del Orde de Predicadors e entre los Metlres de Teologia minim e indigne Proffesor». El fraile informa al príncipe sobre el origen y significación de la heráldica barrada, y para nada menciona el supuesto origen catalán o barcelonés:


(83) Id., fol. XVI.

(84) Barutell: op. cit., pp. 223 y 223

(85) Ibídem, p. 223

(86) Xavier de Garma, Francisco: Adarga Catalana. Barcelona, 1753, p. 13


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