junio 17, 2024

TRATADO DE LA REAL SEÑERA – pag 43

«…vuestros predecesores de la Casa de Aragón tomaron cuatro barras coloradas por Armas(…)no hay duda que vuestra gloriosa Casa puso sus barras coloradas en campo de oro, porque ha empleado todo su poder en la protecció y defensa de la Iglesia(…)en el gonfalón están puestas para significar que ellas son defensa especial de la Iglesia, y por esto el Rey de Aragón es confalonier o alférez mayor suyo» (87)

Es decir, volvemos a la conocida relación entre la monarquía aragonesa y el Papado. También es apreciable cómo perdura la tradición mimética hacia la simbología de antiguos imperios al comentar las armas de Sicilia:

«y completan vuestras armas, Señor, águilas negras en campo blanco: éstas antiguamente fueron las armas del Emperador, según lo dice Valerio Máximo» (88)

Con la documentación conocida vemos que no hay ninguna prueba que haga suponer que el conde Ramón Berenguer, al efectuar su enlace con la princesa de Aragón, poseyera la heráldica barrada. El mismo Barutell, en su desesperado intento para afirmar la primacía catalana, nos descubre el vacío científico de sus argumentos:

«si no atribuyésemos a éste (Ramón Berenguer III) el uso de las barras sería preciso dejar sin armas al linaje de los Condes de Barcelona»

Todavía es más explícito en el párrafo siguiente:

«Si para determinar el Conde que comenzó a hacer uso de las armas en aquel Principado, ha sido necesario recurrir a conjeturas(…)mucho más lo ha de ser para tomar un vislumbre de analogía, o relación de ellas con las acciones o sucesos del primer Conde que las usó y el tiempo preciso en que fueron adoptadas» (89)

Si nos dejáramos guiar por conjeturas, según el método de Barutell, tampoco saldrían bien parados los catalanes. Por ejemplo: de todos es conocido el escudo de Salamanca que incluye las cuatro barras rojas sobre fondo de oro; esta rareza heráldica para una ciudad del antiguo reino de León estaría vinculada, según algunos investigadores, a su célebre Universidad en cuyo origen, hacia el año 1200, se haría constar mediante las barras su estrecha relación con el pontificado. Otros, no obstante, no aceptan esta teoría y atribuyen a un noble aragonés el origen de las barras salmantinas:

«Varias son las opiniones que se han formado del origen de los cuarteles. El primero es debido al Conde Vela II, Infante de Aragón. Este Conde repobló Salamanca en el año 1110 y puso entre sus blasones las barras rojas de la monarquía libre aragonesa, con una orla de cruces de plata en campo de azur» (90)

Por tanto, esta «conjetura» demostraría que Aragón usaba las barras antes del enlace matrimonial. Pero, obviamente, no es más que una suposición informal.

CONEXIONES HERÁLDICAS ENTRE PAPAS, EMPERADORES Y REYES

A mediados del siglo XVI, las fuerzas imperiales finalizaron gloriosamente la campaña «contra una provincia tan belicosa y poderosa como Alemaña». El César consideró oportuno que su hijo y sucesor presenciara los fastos de la victoria, por lo que el príncipe Felipe – que se encontraba en Monzón presidiendo las Cortes de Aragón, Valencia y Cataluña – se aprestó para el largo viaje, en que sería acompañado por numeroso ejército y un selecto grupo dc intelectuales: entre ellos destacaba por su dominio «en variedad de lenguas y buenas letras, Honorato Juan, Cavallero Valenciano ».

La detallada relación de los acontecimientos del viaje fue escrita por el caballero Juan Christoval Calvete de Estrella y editada en Amberes el año 1552. El imponente cortejo fue atravesando las ciudades del itinerario, según describe el cronista; en algún párrafo son mencionados los valencianos y, como era normal en aquella época, sin disociar la ciudad del Reino. Por ejemplo, en Brujas:


(87) Memorias de la Real Academia de la Historia: Madrid, 1832, p. 234

(88) Ibídem, p. 234.

(89) Barutell: op. cit., p. 225.

(90) Tratado de Heráldica Militar. Madrid, 1959, libros V y VI, p. 291.


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