junio 20, 2024

TRATADO DE LA REAL SEÑERA – pag 47

Por otro lado, el innegable eclecticismo paleocristiano propiciaría la aceptación de cierta simbología pagana, previo proceso cristianizador facilitado por los exegetas. Así, por el año mil, recordaba Pedro Damiano que el color rojo de la cruz tuvo precedente en la cinta escarlata puesta por Rahab – prostituta que albergó en Jericó a los espías hebreos- en la ventana de su casa que, a su vez, equivale a la Iglesia:

«in Raliah meretrices hospitio(…) Rahab coccineurn funiculum, sanguinei videlicet coloris, in fenestra propiae domus appendit; santa Ecclesia in Fenestra suae domus quadam modo ruboren sanguinis ponit, dum passionem Christi publice considetetur in voce, signum Crucis palam portat in fronte(…) tamqum ex Fenestra domus coccineus dependabat, quia trophaeum Crucis Christi » (l04)

La influencia simbólica de la antigüedad, con su preferencia hacia el púrpura y oro no desapareció en el medievo; por ejemplo: en el manuscrito de Pedro Gratia, rey de armas de los Reyes Católicos, encontramos:

«las de la Ciudad (de Roma) son propias un escudo colorado con una banda amarilla … » (105)

Por tanto, muy similares en composición al guión de los reyes de Castilla, que exhibía una franja diagonal roja con dos tragantes. Los potentes estados europeos procuraban, igual que la Iglesia, poseer armas heráldicas de respetable solera. La existencia de la umbella en tiempos del papa Silvestre, sería un detalle más de la absorción y metamorfosis de la parafernalia imperial realizada por el paleocristianismo. El palio, con diferente estructura, simbología y uso según fuera papal o arzobispal; en ambos casos tuvo un valor emblemático de autoridad:

«…Gregorio para San Leandro con la qual le embio un Palio Pontifical(…) y es el Palio una Insignia y ornamento Arçobispal (…)quan antiguo es este Ornamento en la Iglesia» (106)

El romano Gregorio Magno (m. 604), nuncio en la corte bizantina, debió conocer a fondo el simbolismo de la primitiva Iglesia. Dos siglos más tarde, ya se incluían las Llaves de S. Pedro en el vexillum; surgiendo también las primeras discrepancias heráldicas:

«ritus claves, vexillum iis mitendi anno 847 Leo IV, Apostolico Spiritu inflamatus; falsi etiam Novatores, qui ex eo quod Leo III. Carolo Magno, Claves aureas ex Sepulchro S. Petri de more acceptas, vexillum Romanae Urbis miserit, per Claves carolum in posesione Romanae urbis in missun affirmant ignorantes miseri, vexillum tanquan Defensori Ecclesia» (107)

El texto, ciertamente agresivo y confuso, confirma que en fecha tan temprana se bordaban o pintaban las citadas llaves doradas sobre las barras, tal como ref1eja el «Tratado y reglas de hacer armas», manuscrito anónimo de la Biblioteca Nacional de Madrid (108). La obra, escrita en el siglo XVII por un súbdito de la Corona de Aragón, otorgaba el origen del ganfaró y umbella a sus reyes, aunque sin aportar documentos.

Como es apreciable, las enmarañadas relaciones entre reyes emperadores y papas medievales tuvieron su equivalencia heráldica y, como factor común el anhelo por justificar la utilización de antiguos símbolos imperiales, especialmente romanos. En «De fulgenti radio hierarchiae ecclesiae militantis», se confirma lo expuesto: troyanos, «milites tyrones» y lacedemonios prestaron nobleza a los colores rojo y oro al usarlos: tradición seguida por los poderosos Constantino y Carlomagno con el «Labarum auro» y la Oriflama:

«Auream flammam similitudinem purpurei vexilli mirabiliter inter nubes corrus effecit» (109)

La Iglesia se limitó a cristianizar el simbolismo pagano. El púrpura o rojo asociado al martirio, como el mismo autor recoge, es prueba de ello; aunque, como es sabido, las franjas ya aparecían en vestimentas de los antiguos augures.


(l04) Damiani, B.Petri: De sancto Anthimo martyri / Sermo XIX, pp. 194-284-285 (Fondo antiguo de la Bibliotrca Provincial de Burgos, sig. 12.823)

(105) Gratia Dei, Pedro: Escudos de varias naciones, fol. 15. Biblio. Nac. de Madrid, sig. Ms. l l.128.

(106) Padilla, Francisco de: Segunda parte de la Historia Ecclesiástica de España. Málaga, 1605, fol. l38 v.

(107) Bzoinius, Abraham: Pontifex Romanus / Colonia Agrippinae, 1619, cap.II, p. 18

(108) Anónimo: Tractas y regles de fer armes. Bib. Nac. de Madrid, Ms. 9342, f. 72.

(109) Turri, Alexandri: op. cit.. pág. 220


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